martes, 20 de noviembre de 2012

SEMANA 11


Queridos alumnos :

Muchas gracias por el ambiente de ayer en la clase y por vuestra paciencia. El tener que ir a la tercera planta para poder ver un site en internet, y además en un local nada acogedor, no me gustó en absoluto.  Espero que el rollo de internet en nuestra aula se solucione pronto.

Los documentos están aquí :
SEMANA 11

Aquí encontráis información sobre
las Cataratas del Iguazú
Esta es la película que empieza con unas imágenes impresionantes de las Cataratas del Iguazú.



La película comienza junto a las Cataratas del Iguazú, donde los misioneros jesuitas intentan atraer a la fe y la civilización a los indios guaraníes, que vivían en la selva. Tras el fallecimiento, como mártires, de algunos religiosos de la Compañía, el P. Gabriel (Jeremy Irons), encabezará la labor pastoral en solitario acompañado de una Biblia y un oboe. Poco a poco su labor va adquiriendo cuerpo hasta que, pasado el tiempo —apoyado por otros sacerdotes y hermanos jesuitas— logra crear las reducciones o misiones en la zona. Estas fueron una especie de comunidades auto suficientes donde los indios eran evangelizados —apartándolos de sus temores paganos— y enseñados en las destrezas técnicas y culturales europeas en el uso de herramientas para la agricultura, la música, etc. además de protegerlos de los tratantes de esclavos. Esta última práctica estaba prohibida por las Leyes de Indias dictadas por los reyes de España, pero, en aquel lugar tan apartado del mundo y con la sustanciosa compra-venta que hacían los vecinos portugueses de los indios capturados (en territorio luso sí estaba permitido), las autoridades locales españolas no sólo hacían caso omiso de la ilegalidad de estas prácticas, sino que se lucraban con ello.
En el medio de esta labor misional, surge el personaje de un cazador furtivo de indios, el capitán Rodrigo Mendoza (Robert De Niro), que la traición nacida entre su amante y su hermano, arrastrará a una confrontación fratricida (un duelo) con resultado de muerte, fruto del duelo librado entre ellos. Mendoza sufre una transformación física y psicológica, ya que éste siente culpa por la muerte de su hermano y por los los indios cazados. Él es acogido por la orden jesuita en la ciudad. Sin embargo no se perdona a sí mismo. El P. Gabriel le invita a la reconciliación con Dios, con los indios guaraníes y consigo al proponerle ir con él a la selva y ayudar a la labor que llevaban a cabo en una de sus reducciones. El capitán acepta, cargando voluntariamente con sus armas y bagajes, por un territorio accidentado, hasta donde viven libremente los guaraníes. Allí es perdonado por estos —que lo reconocen— y liberado espiritualmente de toda carga pasada.
La labor misional va viento en popa, hasta que la situación geoestratégica internacional nubla aquel paraíso en la tierra.

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